• Viernes, 15 Septiembre 2017
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El polémico sistema de análisis facial que identifica la orientación sexual de una persona

La tecnología de reconocimiento facial, que permite identificar la identidad de una persona al analizar los rasgos de su rostro (vía algoritmos y bases de datos) está en auge.

Por ejemplo, autoridades de inmigración avanzan en su uso para reconocer a los viajeros que salen del país (y con ello, por ejemplo, identificar a las personas que permanecieron en el país más allá de lo que marcaban su visas) y las fuerzas de seguridad comienzan a utilizarlas para reconocer a sospechosos o detectar a prófugos con base en imágenes de cámaras urbanas.

incluso, redes sociales como Facebook la usan, no sin fuerte controversia, para identificar a personas en fotografías. Y son muchas las entidades y técnicas que se utilizan y están en proceso de aplicarse en este campo, que se encuentra en singular tensión con la protección de la identidad y la privacidad de las personas.

Al respecto, como se narra en The Washington Post, investigadores de la Universidad Stanford crearon un sistema para probar las capacidades de algoritmos y sistemas de reconocimiento facial en un campo singular y, también, controversial: ¿es posible identificar la preferencia sexual de una persona sólo del análisis de su rostro?

Aunque la investigación ha sido criticada por activistas de la comunidad LGBT y defensores del derecho a la privacidad (que señalan que el estudio es deficiente y que esa tecnología es peligrosa, pues podría ser usada por personas o entidades homófobas como un arma contra personas homosexuales y contra quienes, sin serlo, sean identificadas como tales por ese sistema), los científicos responsables se defienden señalando que en el propio estudio se expresaron sus implicaciones preocupantes y sus limitaciones, y que ellos mismos se inquietaron al comprobar las capacidades de esas tecnologías.

De acuerdo a The Economist, la investigación de Michal Kosinski y Yilun Wang de Stanford recurrió a 130,741 fotos de 36,630 varones y 170,360 fotos de 38,593 mujeres obtenidas de un popular sitio web de citas que ofrece perfiles públicos de sus usuarios en los que se indica su preferencia sexual. Luego, un análisis de rasgos faciales inicial eligió 35,326 de esas fotos, correspondientes a 14,776 personas (entre heterosexuales y homosexuales y tanto varones como mujeres), que mostraban el rostro con la claridad y detalle suficiente para efectuar un análisis más a fondo.

Entonces, las fotos fueron procesadas usando algoritmos que identificaron en todas esas fotos ciertas peculiaridades de los rostros y las asociaron con la orientación sexual declarada por cada uno de las personas. Eso construyó un modelo que permitió, al analizar una nueva fotografía, identificar con un grado de precisión importante la orientación sexual de la persona en cuestión al relacionar los rasgos de su rostro con los patrones previamente identificados en su base de datos.

Los resultados fueron a la vez sorprendentes e inquietantes: en el caso de los varones, el sistema fue capaz de identificar con un 81% de precisión la orientación sexual de la persona tras analizar una sola foto y con 91% de precisión tras analizar cinco imágenes de la misma persona. Con las mujeres fue menos capaz, pero lo logró con una precisión de 71% y 83%, respectivamente. En ambos casos, la precisión del sistema fue muy superior a la de una persona. Usando las mismas fotos, cuando se mostraba una de un varón las personas participantes identificaron la orientación sexual con una precisión del 61% y de 54% en el caso de fotos de mujeres.

Con todo, el sistema ciertamente no es infalible y tiene limitaciones de importancia. Una es que las fotos tomadas de un sitio web de citas tienden a mostrar a las personas de modos estilizados o más reveladores de lo usual en relación a la preferencia sexual, pero en todo caso tras realizar pruebas con otras fotos, el sistema logró también identificar la orientación sexual de las personas con un grado relevante de precisión. Además, solo utilizó fotos de personas de raza blanca, lo que es una limitante de peso, por no tener suficientes de otros grupos para lograr una muestra que los investigadores consideraran apropiada.

Las críticas al sistema, provenientes de importantes grupos defensores de la comunidad LGBTQ como GLADD y Human Rights Campaign, han señalado que esa tecnología tiene filos muy peligrosos, por ejemplo su uso por parte de regímenes autoritarios para perseguir a personas con base en su orientación sexual o por entidades que, por las razones que sean, la usaran para discriminar. Esas amenazas son ciertamente inquietantes y posibles, y por ello la sociedad debe estar alerta sobre el abuso de esas tecnologías.

Con todo, como se comentó en el Post, las críticas al trabajo específico de los investigadores de Stanford tienen puntos válidos pero en otros aspectos serían un tanto excesivas, pues lo que ellos han hecho ha sido, en el marco de un estudio científico con sus alcances y limitaciones delimitadas, mostrar que las tecnologías de reconocimiento facial en efecto pueden identificar con importante grado de precisión la orientación sexual de una persona. Todo para, afirman los científicos, alertar a la sociedad de las capacidades crecientes de esas tecnologías y entender mejor sus amenazas e implicaciones.

GLAAD, por ejemplo, como se comenta en Mashable, rechazó que esa tecnología pueda en efecto identificar la orientación sexual de una persona y dijo que lo único que logra es detectar patrones en fotos con base en datos de un pequeño grupo de personas gay y lesbianas de raza blanca.

Y en ello tiene razón, pues el estudio de Stanford no se realizó a escala universal sino solo en un contexto específico y por ello sus conclusiones están acotadas a los alcances del propio estudio. Eso no las vuelve falsas (en realidad sus hallazgos son de relevancia), solo las limita a su universo específico, como sucede por lo demás con multitud de estudios científicos. Y ciertamente el uso de fotos de un sitio de citas tiene sus problemas y no permite sacar conclusiones absolutas, pero su disponibilidad y el hecho de que cada usuario especifique su orientación sexual provee una masa de datos fácilmente asequible para el análisis.

Pero, en realidad, los críticos y los investigadores estarían hablando de lo mismo: en efecto, los hallazgos de la investigación de Stanford se circunscriben a su muestra analizada (con sus peculiaridades y defectos) y no son absolutos, y de sus datos no se concluye que ese sistema de reconocimiento facial pueda identificar la orientación sexual de toda persona en cualquier contexto. Pero sí son una muestra del inquietante poder de esa tecnología, de lo que puede ya lograr y es un atisbo de lo que podría lograr en el futuro. Ese fue el objetivo de la investigación, y los datos que aporta revelan las posibilidades amenazantes de esas tecnologías.

En todo caso, la experimentación, el debate y la discusión son el alma de la ciencia. Por ello, tanto la libre investigación científica como la crítica de sus métodos y resultados son bienvenidas y necesarias. Las inquisiciones (como las amenazas, reales o no, que algunas personas han divulgado contra los investigadores) no ayudan a nadie y son de suyo peligrosas.

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