• Viernes, 12 Mayo 2017
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Lesbomamás rompen los esquemas y educan a sus hijos

Diana y Sandra llevan 6 años de relación, su objetivo es casarse y que sus hijos puedan llevar sus apellidos

Todos los días Vanessa y Santiago se levantan a las 7:00 de la mañana y se visten para ir a la escuela. Tienen nueve y seis años, respectivamente, y estudian en una escuela cercana a su casa en León, Guanajuato. Mientras tanto, Sandra Ramírez, su mamá, prepara el desayuno.

Cuando todos están listos, su otra mamá, Diana Isaías, los lleva al colegio. Vanessa y Santiago tienen dos mamás y desde hace seis años los cuatro forman parte de una familia con la única distinción de que se trata de la primera familia lesbo-maternal que ha solicitado el matrimonio civil en su ciudad. Y también es la primera a la que se lo han negado porque Guanajuato es una de las 20 entidades que no permite el matrimonio igualitario.

Sandra y Diana llevan seis años juntas. Iniciaron su relación cuando ‘Sam’ le envió una solicitud de amistad en Facebook a Diana. Ella aceptó, y luego de seis meses de noviazgo, comenzaron a vivir juntas. Vanessa tenía tres años y Santiago estaba en pañales. Ambos son hijos biológicos de Sandra, pero hoy la crianza ha corrido por parte de las dos. Ahora, todo el barrio sabe, y no parece molestarle, que Vanessa y Santiago tengan la suerte de vivir con dos mamás.

Ellas viven en una familia reconstituida, en la que una de ellas ejerce voluntariamente la maternidad con los hijos de su nueva pareja.

‘Sam’ o Sandra confiesa que siempre estuvo segura de su preferencia sexual, pero vivió con el padre biológico de sus hijos porque “antes era muy mal vista la homosexualidad”.

El momento para explicarle a sus hijos por qué en su familia había dos madres, contrario a lo que pensaron, se dio de manera natural. “En el caso de Santiago ha sido mucho más fácil, es lo que él siempre ha visto”, comenta Sandra. 

En cuanto a Vanessa, platica, no hubo necesidad de explicarle. “Yo sí estaba con el nervio de qué iba a decirle... pero ella sola lo dedujo”, afirma.

Adultos, el problema. A pesar de los temores de Diana y Sandra, los niños disfrutan de tener dos madres. Ni los compañeros de clase, ni vecinos u otros niños de la familia parecen darle importancia. El problema, coinciden, son los adultos. En particular, los maestros. 

Hace poco se enfrentaron a un acto de homofobia de parte de un docente cuando Vanessa tuvo que entregar un árbol genealógico. “El maestro le borraba uno de los nombres, el de Diana”. 

Cuando Sandra le dijo al maestro que se trataba de su pareja, el profesor marginó a Vanessa y a sus madres de las actividades escolares.

Decidir el futuro. Hace unos meses, Sandra y Diana decidieron casarse. El pasado 4 de marzo hicieron la solicitud de matrimonio en el Registro Civil; cuando recibieron la respuesta, el 25 de abril, se encontraron con que el gobierno de Guanajuato no reconoce su derecho a casarse. Ante la negativa, Sandra y Diana decidieron meter un amparo para exigir su derecho al matrimonio y a decidir sobre su futuro, pues sin casarse, Sandra y los niños no pueden gozar de prestaciones, como seguro médico, que Diana tiene en su trabajo de conductora de tráiler.

Otra razón es que “los niños pasen a tener mi apellido para que tengan todos los derechos”, dice Diana. Se trata, cuentan, de una deseo compartido por toda la familia. 

 

Mientras tanto, tendrán que esperar de tres a seis meses para que la ley reconozca a su familia y por fin celebren su boda.

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