• Martes, 14 Noviembre 2017
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Lo que la ciencia dice sobre llevar sujetador

Desde hace tiempo, tanto en redes sociales como en diversos foros de internet, un dilema ha pasado a escena: ¿el sujetador es necesario o una imposición cultural de la sociedad? Muchas mujeres piensan que se les puede “caer” el busto si dejan de usarlo, entre tanto otras creen que la prenda puede ser hasta tóxica. La ciencia y la historia tienen mucho que decir al respecto.

Empecemos por lo básico: ¿Qué son los pechos? La mama está formada principalmente por tejido adiposo, es decir grasa, y tejido glandular, el cual está adherido a la fascia del músculo pectoral, gracias a los ligamentos de Cooper.

El tejido adiposo es el causante de que cuando las mujeres bajan o suben mucho de peso la talla de este cambie. Por descontado, cuanto mayor es la proporción de grasa mayor será la tendencia a la caída porque más esfuerzo hacen los lóbulos por mantenerlo erguido.

Por otra parte, como todos sabemos, la masa muscular y los tejidos disminuyen su tensión con la edad, al menos si no se trabaja sobre ellos. Por tanto, hay cosas que no podemos cambiar e, inevitablemente, en la edad fértil predomina más el tejido glandular y el pecho se ve mejor, en cambio al llegar a la menopausia y en adelante queda más del tejido adiposo y todo tiende a caer.

“El tejido glandular está formado por lobulillos glandulares (entre 15 y 20), de los cuales salen los conductos galactóforos que confluyen al llegar al pezón para la salida de la leche en la lactancia materna”, afirma para Gizmodo en Español Miriam Al Adib Mendiri, ginecóloga, obstetra y divulgadora de temas relacionados con la salud femenina. “La glándula mamaria está anclada a la fascia del músculo pectoral, gracias a los ligamentos de Cooper que forman un entramado de tractos de tejido conectivo y atraviesan todo el tejido mamario”.

El sujetador como construcción cultural impuesta

Una construcción cultural no es más que un conjunto de expresiones humanas que imperan en un determinado contexto histórico. Sin embargo, que sea impuesta por la sociedad o no es una cuestión más complicada.

El concepto de sujeción del pecho existió desde el año 4.500 a.C. Miles de culturas distintas, desde entonces a nuestros días, han pivotado entre si tapar o realzar el pecho.

Las griegas y romanas usaban una especie de faja de tela. A veces se trataba de realzarlo y levantarlo, entonces se conocía como zóster; mientras que otras veces la idea era aplastarlo y aplanarlo para que no rebotara, lo llamaban mastodeton.

Si avanzamos unos siglos, existe una tesis de la Universidad de Canterbury sobre las mujeres guerreras de la Edad Media. Lejos de aparecer con un corsé erótico y minifalda, era todo lo opuesto: vestían el mismo atuendo masculino, con cota de malla e incluso armaduras estándar. Armaduras en las que tenían que encajar, por lo que el pecho era “intencionadamente comprimido” para protegerlo. Aparentemente con las guerreras celtas se da algo similar, pero en cuero.

En la historia la tendencia ha ido variando, pero hay un eje común: el rebote libre del pecho es incómodo en épocas en las que las mujeres los sometían a mayor uso y presiones. En muchas épocas y culturas se ha visto mal no llevar la prenda, en otras se ha visto mal el llevarla, pero tiende a coincidir con esto.

En las culturas en las que aparecer con un sostén te habría costado la cabeza, como la la mayoría de las que predominaron en África, también era inconcebible que las mujeres hicieran “trabajos de hombre” (entiéndase como físicamente demandantes).

Y tiene sentido. Usando otra imagen para entenderlo, nuestros pies están hechos para estar descalzos, anatómicamente hablando. Los zapatos son en buena parte una construcción cultural, pero los inventamos por cuestiones prácticas y ahora los aceptamos. Lo antinatural ha pasado a ser ir descalzo.

Podrías decir que la industria zapatera te está timando vendiéndote algo que naturalmente no necesitas, pero la verdad es que se ve raro ir descalzo por ahí, tan raro que incluso tendrías que caminar diferente; como en la Edad Media, cuando apoyaban la punta primero a cada paso. Además, ahora tenemos asfalto, el cual puede llegar a alcanzar los 70 grados. Los perros no lo pasan bien en verano pisándolo y tú tampoco lo harías.

En cuanto a ver el sujetador como un “opresor”, no es nuevo. En los años 60 las mujeres los quemaban como símbolo de liberación y empoderamiento femenino y aún hoy actúa como tal. La prenda habla de la mujer, en tanto que es la única que lo usa.

El primer brasier patentado como prenda solo para sujetar el pecho data de 1914 y fue creado por Caresse Crosby (posteriormente han descubierto restos de otros más antiguos, como uno en Australia con más de 600 años, pero se descubrió después de la patente así que legalmente no cuenta).

Ida Rosenthal, por su parte, fue la que creó la primera clasificación de tallas y la que fundó primera empresa a “gran escala” al respecto. Esta última, además, dijo una frase que ha pasado a la posteridad:

“Cumplidos los treinta y cinco años la mujer no tiene una figura que pueda prescindir del sujetador: el tiempo está a mi favor”

El inexpugnable paso del tiempo

La cuestión más difícil de descifrar es si de verdad el sujetador lucha o no contra el tiempo. “Actualmente no tenemos evidencias científicas que demuestren que el uso de sujetador evite la caída de las mamas”, afirma Miriam.

La industria ropa interior no estará de acuerdo, por supuesto, pero la verdad es que, si bien sujeta el pecho mientras lo llevas puesto, no está demostrado que prevenga su caída.

No hay estudios que demuestren que el uso de sujetador evita la caída, pero tampoco los que afirman lo opuesto son concluyentes

Si buscamos, sí hay estudios que afirman todo lo contrario y que han sido ampliamente señalados por los colectivos que desprecian la prenda. El profesor Jean Denis Rouillon, especialista en medicina deportiva del Centro Hospitalario Regional Universitario de la ciudad de Besançon, argumenta que los tejidos de sostén natural, al dejar de ejercer su función tanto tiempo, se atrofian y, por tanto, el sujetador podría estar empeorando las cosas.

De todas formas, cuidado, el mismo profesor reconoce en varias declaraciones que sus resultados son preliminares dado que su muestra es demasiado pequeña —320 mujeres jóvenes no son representativas de toda la población—: “Tendremos que reclutar una muestra más amplia de población femenina y llevar a cabo más investigaciones. Requeriría algo así como 300.000 sujetos”.

Como todo lo que se santifica por un lado, hay quien lo demonizarlo por otro. Se dice que “la acumulación de toxinas que se produce por la compresión de los ganglios y canales linfáticos puede producir cáncer” (sic). Ni que decir tiene que esto es absurdo en su propia formulación.

Lo que producimos los seres humanos no pueden ser considerados toxinas, por definición no producimos tóxicos porque un tóxico es un veneno. Las abejas y las serpientes pueden, por ejemplo, producen venenos biológicos defensivos. Nosotros a lo máximo que llegamos es a acumular desechos, lo cuales somos por cierto muy buenos eliminando y no se acumulan (por el sudor, excretando, en las lágrimas, en la piel muerta ect.).

Dejando de lado el tecnicismo, no. No existe evidencia científica alguna que apoye la hipótesis de que el brasier pueda producir cáncer. Sí existe un estudio poblacional de casos-controles realizado por Lu Chen que demuestra que no existe ninguna asociación. “El uso de sujetador debe ser una elección personal, por cuestiones de comodidad o de gustos. Así, si una mujer está más cómoda con el sujetador y quiere utilizarlo pues perfecto, si está más incomoda y no desea utilizarlo pues también perfecto”, concluye Miriam.

Hay cosas que no podemos cambiar, como la predisposición genética: las mujeres con tejidos más elásticos y mamas más pequeñas tendrán menos predisposición al descolgamiento.

En cambio, como hemos explicado, los pechos oscilan con el peso, así que es obvio intentar no ganarlo o perderlo rápidamente. El resultado será que, al ganarlo, la mama se expande con la consiguiente rotura del tejido, probablemente produciéndonos estrías como lo haría en cualquier otra parte del cuerpo. Cuando bajemos esos kilos, el exceso de piel se traducirá en un mayor descolgamiento.

Para la misma piel también es importante tener una adecuada hidratación y una dieta equilibrada que favorezca la formación de colágeno. El ejercicio físico que tonifique el músculo pectoral también puede ayudar y la prenda adecuada se torna práctica en medio del ejercicio: el rebote intenso no deja de ser una forma de golpe que favorece el desprendimiento.

Por último, es muy importante utilizar la talla correcta. Según un estudio (realizado eso si por Women Secret), el 80% de las mujeres no lleva su talla. Una demasiado pequeña comprime y dificulta respirar, una demasiado grande no permite que la prenda haga lo que supuestamente está hecha para hacer: repartir el peso del mama entre los músculos del pectoral y los de la espalda.

Esto es especialmente importante con las mujeres con pecho abundante porque tienden a padecer cifosis: un aumento de la curvatura natural de la zona dorsal de la espalda; lo que a su vez provoca un cambio en el resto de la columna vertebral, la zona lumbar y cervical. Inicialmente esa cifosis es postural (mujeres que tienden a encorvarse), pero a la larga puede provocar alteraciones en los discos vertebrales y artrosis de la zona dorsal y entonces requiere tratamiento quirúrgico.

La conclusión final, por tanto, es que la mujer puede usar el sujetador si quiere y le es cómodo o, por razones prácticas, le va mejor a la espalda. También está bien no usarlo si no quiere; no tendría que oprimir, más bien ser una herramienta opcional. Lo que nunca debería hacer es inventar argumentos no demostrados para apoyar la opción que mejor le conviene.

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