• Lunes, 18 Junio 2018
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Vive una odisea para llegar al Mundial pero Messi le recompensa

Gabriel Díaz Cutraro vivió una auténtica pesadilla para llegar al Mundial de Rusia. Para empezar, viajó 23 días desde Bruselas. En dos escalas de su travesía estuvo preso, a instantes de ser deportado. Sin embargo, llegó al estadio del Spartak de Moscú y logró presenciar el debut de Argentina ante Islandia. Pero además se quedó con el tesoro más preciado por los hinchas.

Oriundo de San Antonio de Padúa, comenzó en Bélgica su tránsito hacia la Copa del Mundo. Pero el paso a paso resultó por demás accidentado. "En Minsk, en Bielorrusia y también en Ucrania, en Kiev, me detuvieron y casi me deportan. Estuve como una hora encerrado en una pieza. No me dejaban pasar porque no tenía el fan ID. Lo tengo en el teléfono, pero no me hacían caso; no me dejaban mostrárselo. Tuve miedo", le contó al diario La Nueva Mañana, de Córdoba.

A pesar de todo, 23 días después de haber iniciado el periplo de 2.547 kilómetros para llegar a la capital de Rusia, arribó a destino, con las frustraciones a cuestas. Su esfuerzo merecía un reconocimiento. Y se terminó transformando en una perla.

"Tengo una amiga que trabaja en turismo, en la misma cadena del hotel de la Selección. Yo estaba desanimado porque la venía pasando mal, así que ella contactó a gente del hotel y del cuerpo técnico, y les contaron de mi odisea", prologa el milagro.

Resulta que la narración llegó a oídos del mismísimo Lionel Messi, quien se conmovió con los avatares de Gabriel. Y no se quedó en la empatía. "A Leo le encantó mi historia y nació de él regalarme la remera con su firma", contó, con una sonrisa indeleble. Se trata de una remera de entrenamiento, en la que se ve bien clara la dedicatoria: "Para Gabriel, con cariño".

Así, en los alrededores del estadio donde se jugó Argentina-Islandia, el fanático de la camiseta de Messi se transformó en una celebridad casi a la altura del mismísimo astro del Barcelona. Fanáticos de distintas nacionalidades se aglomeraron alrededor suyo para tomar una imagen del célebre presente.

"Me la trajo Tocalli (Martín, entrenador de arqueros de la Selección). Cuando me la entregaron sólo me nació arrodillarme y llorar. Es mi nuevo tesoro, no puedo dormir de la emoción", sostuvo. Después de tamaña odisea, Gabriel sabe lo que es reponerse de un mal trago. Y lo mismo espera de su ídolo, luego del penal fallado en el debut.

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