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En un inmenso desierto, el policía más solitario de Australia

Algunos policías podrían asustarse ante la responsabilidad de vigilar solos una zona de 240.000 km2, pero no es el caso de Stephen Pursell, el único agente en una inmensa región del interior de Australia.

El afable policía de 53 años está al frente de una pequeña comisaría en la diminuta localidad de Birdsville, una aldea pérdida en el centro del país.

En ese paisaje rojo y naranja, que recuerda la superficie de la luna y bordea el desierto de Simpson, sus principales compañeros son el polvo, las moscas, los camellos salvajes, los perros errantes y las serpientes mortales.

El agente Pursell reconoce que su jurisdicción, del tamaño de Reino Unido, es "bastante grande". Tarda cuatro días para cruzarla en coche, pero le encanta el reto.

"Ese trabajo surgió y pensé: 'qué sitio tan emblemático de Australia'", recuerda. "Así que presenté mi candidatura".

Fue hace dos años. Su mujer Sharon y él dejaron atrás las aguas azules de la Sunshine Coast, unos 1.600 kilómetros más al este, para instalarse en medio de una extensión de arena salpicada de dunas en las que no crece casi nada.

"Lo que hacemos, sobre todo, es garantizar que la gente llega aquí de forma segura y vuelve a casa de forma segura. Las averías de coches, los problemas médicos, los accidentes. Hay que estar lista para reaccionar ante todas esas cosas", explica.

Los accidentes más frecuentes son los de coches que dan vueltas de campana.

Debido a la inmensidad de la zona, la contribución de la población local es clave. El agente Pursell se desplaza a veces en sus misiones con una enfermera, un guardabosques aborigen y un mecánico, entre otros.

También coopera con sus colegas policías que están a centenares de kilómetros o con los ranchos ganaderos que le ayudan a localizar a los viajeros.

Nunca solo

La región se anima sin embargo dos veces al año: durante las centenarias carreras de caballos de Birdsville, famosas en toda Australia, y el Big Red Bash, un festival de música.

Ambos eventos atraen cada uno más de 6.000 turistas que viajan durante horas, incluso días, en todoterrenos o pequeños aviones para llegar a Birdsville.

Neale McShane, el predecesor de Pursell que se jubiló en 2015 después de una década pasada en la localidad, asegura que "nunca se aburrió" allí.

Cada misión es sinónimo de aventura en todoterreno a través de las dunas o de vuelo en helicóptero, que hay que llamar al rescate con antelación.

En 2009, mientras buscaba desesperadamente un helicóptero para rescatar a un motorista herido en una duna, un CH-47 Chinook del ejército aterrizó en el aeropuerto, probablemente el único en tomar tierra en Birdsville. El piloto quería repostar y, gracias a él, McShane pudo rescatar al motorista.

El trabajo tiene ventajas. "Cuando duermes en el desierto y miras las estrellas, parecen tan cercanas que piensas que puedes tocarlas", dice McShane.

Pero también puede ser estresante estar de guardia las 24 horas del día. Y, dado el reducido número de habitantes, también hay muchas posibilidades de que las llamadas de emergencia procedan de conocidos, asegura.

Por sorprendente que parezca, Pursell no se queja de la soledad. Cuando la prensa local lo presentó como el policía más solitario de Australia, este se dio cuenta de que la gente iba a verlo a la comisaría para hablar con él.

"La gente venía sólo para charlar porque creía que estaba solo. Nunca nos hemos sentido solos aquí. Es una ciudad estupenda".

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